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Restom Temi

Restom Temi-Bueno… estoy muy conforme con usted, de manera que me quedo muy satisfecho y tranquilo de que se quede con este campo.
-Mire, Don Bernardo, por ahora sólo puedo entregarle el crédito que me dio el Banco Nación, nada más. El resto se lo pagaré más adelante, cuando venda lo que tengo.
-Está bien, Don Ferto. Ahora vamos a tomar un trago y a festejar la compra-venta, porque usted tiene que hacer y yo también.
-No, espere: usted no tiene ningún documento ni nada que certifique que yo le debo.
-No se preocupe por el pago. Quédese tranquilo.

Esta es una historia de confianza. El diálogo fue real. Ocurrió hace 30 años y tuvo como escenario a la ciudad neuquina de Zapala. Los protagonistas: Restom Ferto Temi y Bernardo de Larminat, actualmente miembros de la Sociedad Rural del Neuquén y referentes de la ganadería de la provincia.

Restom -Ferto, como todos lo conocen- es quien en esta oportunidad contará la historia.
En la sede que la SRN tiene en Junín de los Andes, sentado en la pequeña oficina donde se reúnen los miembros de la comisión directiva, este hombre de 78 años comienza el racconto de los momentos más importantes de su vida, en la que la amistad y la confianza fueron valores sobresalientes.

Restom nació en 1925, en un pueblito que llamado Chochoy Mallín. La referencia más próxima para ubicarlo es El Cholar, una localidad que sí se ganó un lugar en la cartografía del Neuquén, pero que sólo cuenta con 884 habitantes (datos del censo del año 2001). Allí, muy cerca de ese pueblo, nació Restom, uno de los 12 hijos de Abdala y Ana, una mujer chilena descendiente de franceses.

Cuando Ferto llegó al mundo su padre ya había cumplido tres décadas como residente en Argentina. Había llegado desde el Líbano, su tierra natal, en 1895 y decidió instalarse en el norte del Neuquén. En realidad, su familia estaba dividida por el mundo: algunos en Estados Unidos, otros en Brasil y los que se instalaron en Argentina, estaban dispersos entre Bahía Blanca y Neuquén. En la provincia patagónica, sus antepasados volvieron a separarse: "Elías, un primo hermano de mi papá, se radicó en Las Lajas. Mi padre, Abdala José, tuvo campos en Chochoy Mallín y después compró en El Cholar, cuenta Restom. Más tarde, en 1925 -continúa- cuando yo nací, compró unas 60 hectáreas en El Cholar, que es donde se instaló con la familia y donde está mi casa paterna."

Ferto fue el último de sus hermanos que nació en la pequeña Chochoy Mallín. Recién nacido llegó a El Cholar, donde pasó los primeros años de su vida y estudió hasta tercer grado: "Porque la escuela tenía hasta ese grado", explica. Para terminar sus estudios, sus padres decidieron mandarlo a Las Lajas. "Por esa fecha -recuerda Temi- mi padre, que padecía del corazón, desgraciadamente tuvo un problema y falleció. Yo tenía unos 10 años, así que me volví e hice un año de la escuela primaria en Chos Malal". Finalmente, el protagonista de esta historia terminó la escuela primaria en Buenos Aires y cumplió con el bachillerato en la escuela Don Bosco de Bahía Blanca. Fue entonces cuando comenzó la aventura y la lealtad a la tierra.

La vuelta al pago

Con el título de bachiller bajo el brazo, Ferto se lanzó al mundo: "Seguí navegando por cualquier lado en la provincia, dice entre risas, pensando qué podía hacer. Y me gustó la idea de volver a la zona en la que había nacido: El Cholar." Restom había cumplido con las exigencias de todo recién recibido: ya había trabajo en la empresa familiar junto a uno de sus hermanos mayores, que tenía un comercio. Pero él sentía que lo suyo era otra cosa: "Siempre me gustó la libertad, el campo, confiesa. Me encantaba la idea de trabajar allí, así que le tomé mucho cariño. Había tenido la oportunidad de trabajar, pero muy transitoriamente, porque mis hermanos mayores tenían los campos de mi padre, pero los manejaban ellos porque yo no estaba como para hacerme cargo."

Temi siguió subsistiendo con changas paralelas, hasta que un hombre -el mismo que convierte a este relato en una historia de confianza y amistad- apareció casualmente en su vida y lo ayudó a encaminarla, justo allí, donde había nacido, en ese pueblito que no figuraba en las cartas de ningún viajero de la época. El personaje en cuestión era Bernardo de Larminat, descendiente de franceses que también habían anclado en la Patagonia a fines del siglo pasado. "Estando yo en Chochoy, trabajaba en el campo con mis dos hermanos mayores y pasó este señor: Don Bernardo de Larminat", recuerda Ferto. Estuvo en casa. Iba con ánimo de comprar un campo que había pertenecido a mi padre, que se llama Chacayco."

Finalmente, De Larminat lo compró. Ferto lo supo porque conocía al vendedor, quien le había confirmado la operación. "Entonces yo me dije, repasa Ferto: A este señor que compró, no le conviene ese campo, porque está muy lejos para él. Así que pasó un poco de tiempo y le hice unas líneas a Don Bernardo, no proponiéndole comprar el campo, sino diciéndole que quería conversar con él. Me contestó y me dijo que en tal fechanos encontráramos. Y ahí fui."

Don Ferto puso en marcha la estrategia y, una vez pactada la reunión, le propuso a De Larminat comprar sus flamantes tierras.

-No, por ahora no lo vendo, pero podemos hacer alguna cosa, sugirió el descendiente de franceses.
-¿Usted me sugiere hacer una pequeña sociedad?, entendió Restom.
-Sí, efectivamente. Yo pongo los animales en la sociedad.
-Está bien, dijo Restom.
-Y usted trabaja el campo, asumió su interlocutor.

La sociedad entre Don Ferto y Don Bernardo duró una década, período durante el que De Larminat le propuso a su socio que le comprara su campo. "Yo iba invirtiendo todo lo que ganaba, pero le explicaba a Don Bernardo que todavía no tenía para comprárselo", cuenta Ferto.

Más allá de los buenos negocios, Restom Temi y Bernardo de Larminat forjaron una amistad en la que la confianza fue la pieza más importante. Con el paso de los años, las ofertas de Larminat hacia Temi para comprar su campo continuaron: "Un día me volvió a decir que él tenía candidatos para comprar el campo, pero que me prefería a mí, recuerda Don Ferto. Yo le dije: Mire señor, no quiero ser obstáculo para su negocio. No se haga problema. Yo inmediatamente le desocupo el campo.' "

-¡No! Lo que yo quiero es que usted se quede con el campo, respondió De Larminat.
-Bueno, aguántesela porque ahora no puedo comprarlo, sentenció su socio.

Don Ferto no cerró las puertas y le explicó que tal vez podría comprarlo más adelante. Y lo hizo. Gestionó un crédito en el Banco Nación, lo obtuvo y le entregó todo ese dinero a Don Bernardo como adelanto por la compra de Chachayco.

Acompañados ambos socios por sus esposas, la reunión para la compra venta se hizo en Zapala. Y el brindis de rigor para festejar por el negocio, también.

Desde entonces, Temi explota ese campo, que tiene unas 12.500 hectáreas: "Lo trabajé de la mejor manera que yo lo entendía, y en este momento, felizmente lo tenemos bien ordenadito en producción y nos va bien, comenta. Una de mis hijas, Sara, -tengo dos mujeres y dos varones- colabora conmigo y maneja todo. En una época nos dedicamos al lanar, y aunque nunca lo dejamos, lo principal es el ganado vacuno.

Hace treinta años, cuando Bernardo De Larminat le vendió este campo a Restom Temi, ambos firmaron la escritura por la compra venta de Chachayco, ubicado en el departamento de Ñorquín, al norte de Neuquén, donde actualmente residen los Temi. Sin embargo, los papeles que debían certificar la deuda original que tenía Don Ferto con Don Bernardo, nunca se completaron. "Mire que en esa época eran varios millones los que le debía, relata Ferto. Yo solamente le había podido entregar el dinero del crédito y me faltaba más para cancelar el total… Nunca me voy a olvidar de las palabras de Don Barnardo: 'Don Ferto, no se preocupe por el pago.' "

Entre ellos no fueron necesarios los documentos ni los pagarés. Para el vendedor, sólo bastó que el comprador le diera la palabra de que iba pagar hasta el último centavo. Porque la de ellos fue, desde el principio, una historia de confianza.


Andino Grahn

Andrés de Larminat

Andrés de Larminat

Bertil Grahn