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Postales de Epoca

Ellie Murphy: más de 60 años forjando La Pampa de Ñorquín

Ellie en el árbolSentada bajo el mismo árbol que vio crecer a la familia y desarrollar las historias del lugar, Ellie Murphy comienza a construir, primero sola, y luego junto a su nieto Tomás Gibelli, algunas postales de época: su arribo a Zapala, anécdotas de su esposo Álvaro Cayol, la gente del lugar, su gran amiga Marie Trannack.

Había estado preparándose para este encuentro buscando viejos álbumes de fotos que hojea y desgrana con cada uno de sus recuerdos que hoy compartimos en estas páginas de diario.

Mi suegro: Alberto Nicolás Cayol.
Yo era de Buenos Aires, de Venado Tuerto, así que algo de la vida de campo conocía. Tenía 22 años cuando vinimos a vivir aquí. Recuerdo cuando se lo conté a mi madre que casi se desmaya… No sabía ni dónde estaba Neuquén! Ya pasaron más de 60 años... Es que mi suegro, Alberto Nicolás Cayol, era un hombre muy original. Era despachante de aduana y tenía un primo que siempre le hablaba de lo lindo que era la cordillera de Neuquén. Mi suegro se quedó con esa idea y se enteró que en el Banco Hipotecario se vendía un campo en esta zona y lo compró, así, sin verlo. Claro que en aquella época los campos se compraban a muy buen precio. Fue así que vino al sur con Álvaro, mi marido, que en ese entonces tenía 14 años. Cuando pasaron camino a conocer su porción de tierra se encontraron con Manuel Guevara, quien tras un rato de conversación les dijo: "no, ese campo que compró es una porquería, por qué no compra la Pampa de Ñorquín que sale a venta el año que viene". Así que mi suegro regresó a Buenos Aries para volver por este campo y comprarlo en el año 1934.

Mi llegada: esto es Zapala?
Tenía yo 22 años cuando por primera vez tomé el tren que nos conduciría a Zapala, para luego dirigirnos al campo. Cuando vi que Zapala estaba conformada por tres casas atrás de la estación, comencé a preguntarme en silencio: en qué me he metido? Entonces, me acerqué a mi marido y le pregunté: esto es Zapala? Y él, entre risas, me contestó: sí, pero lo que pasa es que aún no viste el otro lado de la vía… Me dí vuelta, miré, y había otras tres casas más -comenta sonriendo Ellie. Mi marido tenía un primo que administraba aquí, el primer marido de Marie Trannack, con quien nos hicimos grandes amigas.

Mi suegro había comprado la Pampa de Ñorquín en el 34, y cinco años después nos vinimos Álvaro y yo. Álvaro no sabía mucho de campo, así que fue aprendiendo de su primo y de Don Arturo Trannack, a quien siempre admiró. En esos cinco años mi suegro había comprado de la mejor hacienda en la Rural de Buenos Aires: lanares, caballos, vacas, toros. Tuvimos padrillos que salieron campeones en la Rural. Teníamos muy buenas ovejas y las primeras vacas las compró a Perkins que es una cabaña muy vieja, todo el rodeo lo compró allí y luego los toros los compró en la Rural. A mí me encantaba la vida de campo, andábamos a caballo, íbamos a la veranada, a los ríos a bañarnos, hacíamos picnics, participábamos de las fiestas de la Sociedad Rural de Neuquén y trabajábamos mucho. Tengo los mejores recuerdos.

La gente del lugar: costumbres, puentes y caminos.
Cuando comenzamos a vivir en la Pampa de Ñorquín, me hice muy amiga de Marie Trannack, quien nos presentó y nos defendió ante los vecinos del lugar que tenían costumbres que nosotros no conocíamos. Por ejemplo, si uno iba o venía de un viaje de la ciudad al campo o del campo a la ciudad, era costumbre entrar en cada estancia, saludar, compartir unos mates y charlar sobre las vivencias del campo. Nosotros no lo sabíamos y seguíamos derecho hacia nuestra estancia. Muchos comenzaron a comentar que éramos soberbios o agrandados, pero la verdad era que no conocíamos esa tradición. Ahí Marie les comentó esto y comenzaron a aceptarnos. La gente era realmente muy amable y nos hicimos muy unidos.

Me acuerdo, por mi apellido irlandés y porque mantenía el idioma inglés, que nos consideraban gringos. Recuerdo que el que siempre nos decía gringos era Miguel Singoni. Y ahí nos poníamos a discutir. Yo le decía: "Pero si hace ya cinco generaciones que mi familia está afincada en este país y vos sos la primera generación aunque hablés solo en castellano. Si yo soy gringa, vos sos gringazo!" -comparte sonriendo Ellie.

Otro tema eran los caminos. Viajar en auto, siendo que en algunos lugares no había puentes o tras alguna crecida se rompían… Había que acostumbrarse a viajar sin apuros, cocinar en el camino y no tener problemas en mojarse al pasar un río.

La tradición en el campo: una gran familia.
Después de muchos años de trabajo e innumerables historias, Ellie llega a su campo que hoy es administrado por su hija Christina, que a su vez es acompañada por su hijo Tomás. Los otros hijos de Ellie, Alin y Fernando, fallecieron, al igual que su marido. Cristina se casó con Guillermo Gibelli y además de Tomás tuvo como hijos a Sofía, Delfina y Matías, este último abogado como su padre. Ellie, orgullosa cuenta que ya tiene 12 bisnietos, y que su familia, con mucho amor, sigue llevando adelante el trabajo en estas tierras tan queridas. De hecho, muchos de sus nietos y bisnietos se juntarán estas fiestas en la Pampa de Ñorquín.

Tomás viene al encuentro mientras su abuela relata algunos recuerdos más; allí es el nieto quien comienza a aportar algunas imágenes y postales provenientes de su niñez: "hubo un tiempo en que aprendí este trabajo de mi abuelo y luego, más que nada de mi tío Fernando, ya que mi padre es abogado. Ahora es mi madre la gerente de la Pampa de Ñorquín, quien tuvo que agarrar el mando a sus 50 años sin saber mucho sobre manejo de hacienda, pero estudió y lo está haciendo de una manera muy exitosa. Yo estoy acá dándole una mano", cuenta mientras se acerca su mujer para seguir mirando fotos.

La mirada de un nieto: Don Álvaro Cayol.
Pasaba el tiempo en el campo, y Tomás mostró su pequeño museo donde tiene guardados rastros importantes del Regimiento 3 de Caballería que estuvo asentado allí. También muestra un par de ejemplares de libros escritos por su abuelo, ese sensacional hombre que era arquitecto, escritor y administraba el campo con gran pasión. Tomás dice: "era humilde, culto y trabajador", mientras que Ellie añade entre risas: "además, era muy buen mozo".

Pero para describir a Álvaro, a Ellie y a su nieto, es bueno concluir esta nota con algunos versos de la poesía escrita por Tomás en el año 1994 para su abuelo:

"Ahí donde lo ves, él supo ser
el hombre más criollo que yo pude conocer;
Así como lo ven, apenitas caminando
fue él quien vino hasta aquí callado, galopando;
Y no se vino solo, como pueden ver
a cada trabajo suyo lo ha floreado su mujer".
"Escribió algunas cosas de hoy, de su niñez,
sencillitas a su modo.
De él aprendí yo, que la falta de sencillez
lo estropea todo".
"Así que ahí tiene a un hombre
del que usted puede aprender.
Se lo digo y no asombre,
no cualquier hombre merece
el amor de esa mujer".



Ellie junto a su nieto Tomás

Ellie y Alvaro cocinando en el camino

Ellie y Alvaro atravesando un río  tras el puente roto

Ellie y Marie

Ellie y Alvaro en la camioneta

Fernando en el árbol

Pampa de Ñorquín, años atrás