"Venciendo la erosión creamos
fuentes de trabajo
y arraigo para la región, maderas para el país
y oxígeno para el mundo." - Eberardo Hoepke
|
Hoy, más allá del valor comercial de la madera
en todas sus formas, escuadrías y especies, la actividad forestal
resulta una de las mejores opciones para generar empleo duradero y arraigo
de las familias en el campo y las áreas de trabajo.
La desertificación natural y la erosión causada por el viento
y por los rebaños trashumantes principalmente de chivos y ovejas,
es una realidad en la patagonia y encuentra en la actividad forestal una
de las barreras más concretas y efectivas.
Cuando en un principio la actividad maderera y forestal se limitaba a la
explotación de las concesiones que otorgaba parques Nacionales sobre
extensiones de Bosque nativo, la actividad se circunscribió básicamente
a la explotación industrial de este recurso, sin que existiera el
concepto de forestación para posterior uso comercial.
Entre los años 40 y 60, en unas pocas Estancias como Cerro los Pinos,
Quechuquina y Mamuil Malal, en el sudoeste de la provincia, se realizaron
plantaciones de ensayo para ver la respuesta de las distintas especies a
las condiciones de la zona.
Las coníferas, en sus variedades ponderosa y Oregon fueron las que
presentaron características más aptas para su implantación
comercial. El carácter pionero de estas especies, que aún
en tierras de estepa, consideradas malas para la actividad, se daban mejor
que en sus tierras de origen Norte América y Siberia resultó
decisivo. Aún más cuando con un correcto manejo del bosque,
permiten crear las condiciones para la implantación de especies más
frágiles y de mayor valor comercial. |




|